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Embajada de Bolivia en Colombia.

En el corazón del Macizo Colombiano, donde emergen los nacimientos de los grandes ríos como el Magdalena, el Cauca y el Caquetá, vive una memoria milenaria que resiste a los embates del tiempo y la colonización. Es una memoria tejida en el habla, el fogón, las semillas nativas, las prácticas espirituales y, de manera especial, en los apellidos que portan las familias del pueblo Yanakuna. Estas denominaciones no son simples nombres heredados; son expresiones vivas de la historia, la cosmovisión, el linaje y el arraigo a los territorios sagrados del sur andino-colombiano.

Los apellidos Yanakuna guardan una carga simbólica que entrelaza la lengua quechua con los paisajes del Macizo, reflejando un complejo entramado de significados ancestrales, roles comunitarios y compromisos con la vida. Esta investigación, realizada por el comunicador indígena Hover Hernán Majín – también conocido como Chasky Majin – propone una lectura desde adentro, desde el pensamiento runa shimi, a través del diálogo con la memoria oral, los archivos coloniales, las prácticas vivas y la espiritualidad del territorio.

ANAKUNA (ANACONA): LA FALDA TEJIDA Y LA LUNA

Anakuna proviene del quechua anaku, término que hace referencia a una prenda femenina tejida en lana que cubre el cuerpo con dignidad y abrigo. Esta palabra no solo remite a un objeto material, sino a una cosmovisión centrada en la mujer como dadora de vida, protectora de la familia y tejedora de la continuidad espiritual. El plural anakuna también evoca los lunares o manchas en la piel, considerados signos sagrados por los sabedores, capaces de anunciar caminos, dones o misiones de vida.

Así, el apellido Anakuna representa la feminidad sagrada, la conexión con los ciclos lunares y los saberes transmitidos por las abuelas. Simboliza a las mujeres sabedoras, las parteras, las cuidadoras del maíz, las guardianas del fogón y del tiempo circular. Es una raíz que nos devuelve al equilibrio entre lo masculino y lo femenino en la armonía de la comunidad.

GUAMANGA (GUAMANKA): EL HALCÓN DE LOS CIELOS ANDINOS

En la raíz de Guamanga se encuentra waman-ka, del quechua, cuyo significado alude al halcón o águila pequeña. Esta ave no es un ser cualquiera: es un espíritu del aire, mensajero entre el mundo de arriba (Hanan Pacha) y el mundo medio (Kay Pacha). Es símbolo de visión, sabiduría, estrategia y fuerza. En los antiguos pueblos andinos, el waman era invocado para leer los augurios del viento y los movimientos del cielo.

Quienes portan el apellido Guamanga son considerados como visionarios, guías espirituales y políticos, guardianes del conocimiento ancestral. Son aquellos que, como el halcón, saben observar desde lo alto para orientar los caminos de su comunidad. Su linaje evoca la sabiduría del vuelo, la lectura de los astros, la comunicación con los apus y la defensa del equilibrio sagrado del territorio.

WAKA: ESPACIO Y SER SAGRADO

El término waka ocupa un lugar central en la espiritualidad andina. En lengua runa shimi, waka es sinónimo de altar, espacio consagrado, entidad viva y lugar de poder. Puede ser una montaña, una laguna, una piedra o incluso un árbol donde habita un espíritu. La waka no se construye; se revela. Es reconocida por las señales del territorio y por los sueños de los sabedores.

El apellido Waka, en este contexto, remite a linajes de medicina tradicional, guardianes del equilibrio espiritual y cuidadores de las fuerzas invisibles que sostienen la vida. Se vincula también a la unión de las energías duales del universo: wa (warmi – mujer) y ka (kari – hombre), que al integrarse en armonía generan vida. Portar este apellido es cargar una responsabilidad ancestral: proteger el conocimiento sagrado, realizar pagos a la tierra, y mantener el diálogo con los seres tutelares.

QUINAYÁS: EL ESPÍRITU DE LA QUINA

La quina, árbol sagrado de los Andes, conocido por sus propiedades curativas, da origen al apellido Quinayás. En quechua, quina se une con aya (espíritu o ancestro), formando un significado profundo: “el espíritu de la quina”. Este linaje representa a los sabedores de la medicina de monte, curanderos, parteras, hueseros y hierbateros. Son guardianes de las plantas maestras, aquellos que han heredado el don de la sanación y el conocimiento de los ciclos de la naturaleza.

Los Quinayás conocen el lenguaje de las plantas, saben cuándo hablar con ellas, cómo recolectarlas sin ofender a la madre tierra y cómo invocar su espíritu para aliviar los males del cuerpo y del alma. Su apellido es un canto a la selva, al monte vivo, al poder de la botánica ancestral y al respeto por la vida en todas sus formas.

YANGANA / YANKANA: TRABAJADORES DEL TERRITORIO

Yankana proviene del verbo quechua llank’a, que significa trabajar, pero también colaborar, construir, sembrar y compartir. En el pensamiento indígena, el trabajo no es una carga sino una forma de vínculo con la tierra, un acto de reciprocidad con la vida. Los portadores de este apellido son reconocidos como personas trabajadoras, líderes de minga, organizadores de caminos y recolectores de semillas.

En las comunidades Yanakuna, las familias Yankana han sido clave en procesos de autonomía territorial, educación comunitaria y gobierno propio. Su apellido simboliza el cuerpo en acción, la palabra que construye, el esfuerzo colectivo que sostiene el tejido de la comunidad. Es también una identidad asociada a la dignidad del trabajo como expresión de espiritualidad encarnada.

OTROS APELLIDOS, OTRAS MEMORIAS

Además de los ya descritos, existen otros apellidos Yanakuna que merecen ser documentados con la misma profundidad. Entre ellos: Chicangana, Chilito, Chimunja, Papamija, Palechor, Itaz, Uní, Juspian, Zemanate, Mamian, Majin y Melenje. Cada uno de ellos contiene una genealogía de saberes, roles y memorias vinculadas al territorio y a las luchas por la pervivencia.

Los apellidos Majin y Melenje, por ejemplo, están hoy profundamente relacionados con procesos de comunicación intercultural, defensa del agua y el territorio, memoria histórica y espiritualidad viva. El investigador Chasky Majin, portador de estos apellidos, ha tejido con su voz y su palabra un puente entre la tradición oral y la investigación académica, reafirmando que los apellidos no son pasado, sino presente en movimiento.

PALABRA VIVA, INVESTIGACIÓN CON ALMA

El trabajo investigativo de Chasky Majin no se limita a la academia. Es una minga de la memoria. A través de entrevistas comunitarias en el Cauca, Putumayo y Huila, y del diálogo constante con mayores, sabedores, tatas, mamas y autoridades espirituales, ha recuperado el sentido profundo de los apellidos Yanakuna. Ha escuchado los cantos del agua, las historias del fuego, los mensajes del viento y los sueños de quienes aún caminan con los pies descalzos sobre la tierra sagrada.

Su formación en la Universidad URACCAN de Nicaragua – uno de los primeros espacios de educación superior intercultural en América Latina – le ha permitido articular el pensamiento indígena con herramientas metodológicas rigurosas, siempre desde el respeto a las epistemologías propias. Esta investigación es una apuesta por la soberanía de la palabra, la defensa del idioma ancestral y la reafirmación de que el pueblo Yanakuna está vivo, digno y enraizado.


FUENTES DE APOYO

  • Investigación del Magíster Hover Hernán Majín – Chasky Majin (Universidad URACCAN – Nicaragua)

  • Entrevistas comunitarias en el Cauca, Putumayo y Huila

  • Memoria oral del pueblo Yanakuna

  • Relatos espirituales compartidos en mingas, círculos de palabra, fogones familiares y ceremonias de armonización.

  • Proceso Kamachikuk
  • Proceso Kapak Ñan