Bogotá, 24 de julio de 2025. En el marco de la Segunda Sesión Autónoma de la Comisión Nacional de Territorios Indígenas (CNTI), se desarrolla con fuerza y claridad política el segundo día de trabajo, donde Autoridades Tradicionales Indígenas de Colombia – Gobierno Mayor, junto con las organizaciones miembros de la CNTI, consolidan un espacio de palabra, reflexión y orientación territorial para fortalecer el Gobierno Propio y la defensa de los derechos colectivos de los pueblos indígenas del país.

Durante esta jornada, se ha dado paso a un ejercicio pedagógico y político con los nuevos delegados y delegadas elegidos recientemente en el marco de la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC), socializando los fundamentos históricos, normativos y espirituales que dieron origen a la CNTI. Desde allí, se recordó con fuerza la memoria de lucha que en 1996 impulsó la toma pacífica de la sede de la Conferencia Episcopal en Bogotá, acción que dio lugar a dos decretos fundamentales para el movimiento indígena colombiano:
- El Decreto 1397 de 1996, que crea la Comisión Nacional de Territorios Indígenas (CNTI) y la Mesa Permanente de Concertación con los Pueblos y Organizaciones Indígenas,
- Y el Decreto 1396, que establece la Comisión Nacional de Derechos Humanos de los Pueblos Indígenas.
Este legado de lucha es el cimiento de la CNTI como espacio de interlocución y exigibilidad frente al Estado colombiano, construido para defender no solo el acceso a la tierra, sino la integralidad de los territorios y los profundos vínculos espirituales, culturales, políticos y organizativos que los pueblos indígenas mantienen con la Madre Tierra.
“Los derechos territoriales son universales” – fue una de las afirmaciones más reiteradas en la sesión. Estos no se reducen a la propiedad física, sino que implican el ejercicio pleno de la autonomía, el reconocimiento de la identidad cultural, el fortalecimiento de las autoridades tradicionales, el goce efectivo de la jurisdicción especial indígena, y la protección de los lugares sagrados, como lo hace, por ejemplo, el pueblo Arahuaco con su sistema de la Línea Negra.
A lo largo del día, se enfatizó en que la CNTI debe partir del reconocimiento de la realidad histórica de despojo que han vivido los pueblos indígenas, y que hoy exige al Estado acciones concretas para salvaguardar, formalizar, reconocer y garantizar los derechos territoriales de manera efectiva. Esto implica avanzar de manera urgente en:
- La identificación de los territorios en posesión ancestral,
- La formalización de resguardos y figuras propias de tenencia colectiva,
- La protección de los espacios sagrados y de alta sensibilidad espiritual y ambiental,
- El saneamiento de los territorios invadidos o presionados por megaproyectos, minería, grupos armados o actores externos.
La presencia de delegaciones indígenas de todas las regiones del país – Amazonía, Orinoquía, Sierra Nevada, Cauca, Macizo Colombiano, Caribe, Andes y Pacífico – ha nutrido la jornada con reflexiones situadas y propuestas diferenciadas, recordando que, aunque diversos en idioma, geografía y cultura, los pueblos indígenas comparten la decisión colectiva de defender sus territorios con dignidad.
Este espacio de la CNTI no solo es técnico y político, es también espiritual y organizativo: en él se teje el legado de los mayores, se cultiva el conocimiento propio y se consolidan rutas de acción colectiva. La palabra viva, el fogón, el círculo, la minga, el ritual y la orientación de las autoridades son el centro de esta jornada, donde se reafirma que los pueblos no están dispuestos a ceder ni un palmo más frente al despojo, la indiferencia estatal o la exclusión.
“El territorio no se negocia. Se protege, se habita, se gobierna y se honra con la vida” – fue otra de las voces que marcó la jornada.
La Segunda Sesión de la CNTI continuará en los próximos días con la proyección de propuestas de exigibilidad y acción, de cara al Sistema de Coordinación Nación-Pueblos Indígenas. Desde la unidad, la dignidad y la palabra colectiva, los pueblos indígenas recuerdan al Estado que la deuda histórica sigue vigente, pero la fuerza organizativa y espiritual también.
¡El territorio se defiende con dignidad, espiritualidad y decisión colectiva!

